miércoles, 29 de diciembre de 2010

Dos paredes

Las calles dulcemente iluminadas conformaban el mejor escenario para lo que en unos minutos se presenciaría. Un espectáculo dantesco donde sangre y materia gris serán los protagonistas. Un cielo negro casi sin estrellas acompaña la velada. Debería sonar algo de Schubert o quizá mejor Beethoven. Desde cualquier angulo aleatorio la escena era digna de cualquier película de culto aunque la realidad siempre se supera. El balanceo del brazo que no soporta el peso metálico de una mágnum, ¿Quién no soñaba con que su muerte fuera tan poética?
Decidió irse para su casa y no hacerlo porque la eternidad lo aburría.

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