sábado, 5 de enero de 2013

Olor a pintura

En la habitación pintada de negro los dos sospechosos se miraban a los ojos, intentando atisbar el grado de maldad el uno del otro. Sus captores se estaban haciendo de rogar. Ya habían pasado varias horas cuando se abrió una puerta de la que no se habían percatado. Un hombre con traje y caminar estiloso se adentró y se paró a medio camino de la mesa donde se encontraban. Desplegó un par de alas de su espalda, sacó una pistola apuntó a uno de ellos, que estupefacto no reaccionó a lo que se le venía encima.

Del agujero todavía humeante salía a borbotones sangre mezclada con trozos de materia gris. El olor intenso se le quedaría grabado por toda su vida en la mente de su compañero, Zihou. No entendía que pasaba, tal vez nada tenía sentido. ¿Acaso un ángel de la justicia había venido a eliminarlos? Imposible. Dios estaba de su lado. Se lo había dicho. Tenía que haber algo más, algo que se le escapaba.

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