Hoy quemé tus cartas, las lágrimas que derramaba casi apagan las llamas. Una cabezada me ayudará a pensar, nada más lejos de la realidad. Fuimos agrupados como cavernícolas bajo la lluvia y dispuestos para ver de frente nuestra muerte. Sus críos alegres parecían disfrutar y aumentaban mi martirio por la sociedad. La mujer de mi lado permanecía tranquila, ya había asumido su destino, mientras el hombre de mi lado todavía suplicaba mostrando así una antagonia del momento.
El invierno es lo que tiene, y más, lejos de ti. Puñetera herejía a mi religión irreal. Básicamente seguía atormentado como cuando era pequeño pero de una manera mucho mas cruel.
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