viernes, 14 de enero de 2011

Afluentes, que un día como hoy odié

Se cerraron ríos a mi paso. Ni pequeños regatos abandonados me dejaban discurrir. El desasosiego como mi principal arma me llevo dando tumbos a la más oscura de las cavernas. En ella la inmensidad se hacía palpable y el universo comprensible pero pocas dudas me resolvía. La línea recta dejo de ser una unión de puntos para convertirse en la singularidad, el comienzo, manantial de vida. La vida brotaba sin pausa pero poca se utilizaba y la mayoría se malgastaba entre la porosidad de la tierra. Un libro abierto en una esquina contaba las descorazonadoras últimas horas de un visitante anterior. Todavía esas palabras, ya casi ilegibles, transmitían energía de desesperación e impotencia pero sin restarle gran sabiduría. Pocos profetas desearían observar esto y menos aún tendrían el valor de divulgarlo. El mundo sigue frío aunque incandescente en su interior. Los ríos seguirán hostiles y solo dejarán el vacío a su paso. Sentado en la nada y mirando al exterior uno comprende que no todo el vacío esta hueco y sin sentido, y que algunos silencios son mas inteligentes y vivos que sinfonías de palabrerias obvias y rítmicas.

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